jueves, 13 de junio de 2013

Reposicionar la Iglesia

El marketing como Dios manda.

El día que calló por primera vez en mis manos el libro “Jesus Lava mais branco. O como a Igreja inventou o Marketing” fue todo un hallazgo, me di cuenta que la Iglesia era una gran empresa de marketing, ni Coca-Cola, ni MacDonalds, el marketing es obra de Dios.
No voy a resumiros este libro porque prefiero que lo leáis y disfrutéis de un brillante enfoque de como la Iglesia ha creado el marketing y de como lo utiliza para seguir perviviendo tantos años. ¿Cuestión de suerte? No creo, yo diría buena planificación de Marketing Estratégico y de Marketing Operativo.
La Iglesia Católica nunca deja de sorprenderme, en los últimos tiempos su entrada en el mundo Online consiguió captar mi atención como nunca antes lo había hecho, el Papa Benedicto tenía twitter y algo empezaba a cambiar en el seno de la Organización. Pero fue tras su repentina decisión de abandonar cuando entendí que algo cambiaba radicalmente y se escondía algo tras este cambio de planes.
La conclusión me sobrevino después de leer periódicos y reflexionar con ojos de marketiniano, la Iglesia se había equivocado en la elección del Papa, no encajaba con su nueva estrategia de marketing que buscaba una mayor credibilidad y penetración en la sociedad. Tocaba reposicionarse.
Reposicionarse no es más que cambiar la forma de enfocar nuestro mensaje para conseguir una nueva percepción en los consumidores. Cuando se venden intangibles es muy importante la credibilidad y confianza, esa es la tarea fundamental.
La Iglesia Católica a través de su central, de sus sedes, delegaciones y superficies de venta siempre ha hecho gala de poder, grandiosidad, lujo, grandeza... a pesar de que promulga el sufrimiento, la humildad y otros conceptos similares como claves para disfrutar de una vida como Dios manda. Puede parecer contradictorio, pero esta estrategia le ha ido muy bien, tanta grandeza abruma, infunde respeto e incluso miedo.
Pero vivimos días de crisis mundial, muy duros, mi generación no conocía tal situación económica y social; tasas de paro elevadas, corrupción por doquier, falta de liquidez en las familias, en las empresas y falta de crédito; por enumerar algunas. El departamento de Marketing del Vaticano no es extraño a esta situación y creo que intermedió en el asunto de la elección del nuevo Papa con el objetivo de mejorar la imagen de la Iglesia.
Se buscaba un nuevo Papa que fuera renovador, aperturista, más joven que el anterior, pero sobre todo que fuese una persona sencilla y humilde. Así, eligieron a un Papa Latino, Francisco I. Primer Papa de las Américas, apasionado del fútbol, persona humana, sencilla, más joven que Benedicto XVI, pero sobre todo proyecta imagen de humildad (recordemos sus viajes en metro antes de su elección, su renuncia a vivir en el apartamento papal, son algunas de las cosas que favorecen a ello). Esto es un reposicionamiento en toda regla.
Ante todo esto solo puedo esbozar una tímida sonrisa mientras mi cabeza repite aquella célebre frase del Quijote: “con la iglesia hemos dado (que no topado como se empeñan algunos en decir) amigo Sancho”.


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